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Intoxicación por Monóxido de Carbono

El monóxido de carbono es un químico que se produce por la combustión de un gas natural o de cualquier producto que contenga carbono bien sea líquido como la gasolina o el querosene, sólido como la leña o el carbón, o gaseoso como el metano, propano o butano. Puede producirse en el interior de las casas en estufas, calentadores, chimeneas; en los vehículos, incluso los que usan gas natural y en incendios, entre otros. Su inhalación puede producir intoxicación e incluso la muerte.

Generalmente los agentes tóxicos presentan olor, sabor o irritación que advierten sobre su presencia, no siendo este el caso del monóxido de carbono que es inodoro, incoloro, insípido y no produce irritación por lo que las personas expuestas a él, se intoxican de manera pasiva.

Cuando la intoxicación es por inhalación de humo, puede presentarse intoxicación por monóxido de carbono y por cianuro de manera simultánea.

Una vez que el monóxido de carbono ingresa al organismo a través de los pulmones, durante la respiración, se une a la hemoglobina sustituyendo al oxígeno y formando la carboxihemoglobina ya que su afinidad por la hemoglobina es 210 veces mayor que la del oxígeno, así que produce su desplazamiento disminuyendo entonces la capacidad de transportar oxígeno de la sangre lo que ocasiona una hipoxia general que según su intensidad puede llegar incluso a provocar la muerte, dependiendo de la duración de la exposición al gas, de la concentración de este en el ambiente y del estado de salud previo del paciente. El monóxido de carbono también se une a la mioglobina y a la miocardioglobina, lo que explica parte de los síntomas que genera. Los órganos más sensibles a este gas son: el sistema nervioso central, el musculo cardiaco y el musculo estriado.

Las manifestaciones agudas comprometen básicamente al sistema nervioso central y al sistema cardiovascular e incluyen: náuseas, vómitos, dolor de cabeza, temblores, mareos, disminución del estado de conciencia que puede llegar al coma, disminución o pérdida de la fuerza muscular, arritmias, isquemias cardiacas, palpitaciones e incluso la muerte en intoxicaciones severas.

Las manifestaciones clínicas tardías se conocen como Síndrome Neurológico Tardío que se caracteriza por síntomas neuropsiquiatricos de aparición tardía, luego de desaparecer la sintomatología aguda. Son comunes los cambios de carácter como irritabilidad, alteraciones emocionales, dificultad para el cálculo, falta de concentración y pérdida de la memoria inmediata y a mediano plazo.

Los trastornos clínicos pueden llegar a desaparecer pero no sin antes hacer pasar al paciente por largos periodos de inhabilidad laboral y de una vida diaria normal.

El tratamiento se inicia alejando al paciente del sitio de exposición, dando soporte vital y administrando oxígeno ya que este es el antídoto para la intoxicación o envenenamiento por monóxido de carbono ya que permite reestablecer los valores normales de la oxihemoglobina y la oxigenación de los tejidos de manera más rápida. La vida media de la carboxihemoglobina es de 320 minutos, es decir, que al cabo de este tiempo, se elimina. Con el uso del oxígeno al 100 % a presión atmosférica, se disminuye esta vida en cinco veces, pero cuando se usa la oxigenación hiperbárica, se acelera de manera importante su eliminación, lo que disminuye el riesgo de secuelas neurológicas y de muerte. Además de estos efectos, disminuye rápidamente el edema cerebral.

El Oxígeno Hiperbárico está indicado cuando la concentración de carboxihemoglobina es mayor de 25 %, cuando se presentan convulsiones, coma o Glasgow menor de 15, en niños o pacientes mayores de 60 años, cuando se presentan alteraciones neurológicas o psiquiátricas agudas, cuando existen alteraciones del electrocardiograma y en embarazadas expuestas al gas por la mayor afinidad del monóxido a la hemoglobina fetal.

La importancia de la utilización de la Oxigenación Hiperbárica en la intoxicación por monóxido de carbono se explica por la mayor rapidez en la disociación de la carboxihemoglobina, aumentando el transporte de oxígeno y mejorando la oxigenación tisular, la restauración de la respiración celular mitocondrial, la disminución del edema cerebral y la disminución de los fenómenos inflamatorios de las células.

En conclusión, el tratamiento indicado y de primera opción en la intoxicación por monóxido de carbono, es la Oxigenación Hiperbárica ya que disminuye las complicaciones y acelera la recuperación del paciente.






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